Si buscas un reloj para ponértelo cada día durante los próximos diez años y olvidarte de él, Ginger no va contigo. Esta colección juega en otro terreno: el de quien abre el cajón por la mañana y decide según el día que tiene por delante, con la misma naturalidad con la que elige el bolso o los zapatos.
Los modelos se ven de una vez y se comparan sin perderse por el catálogo. El nombre ya anuncia el tono, algo cálido y con chispa, nada solemne. Hemos visto que un reloj así rara vez se compra por necesidad. Se compra porque apetece llevarlo.