La reserva es a las nueve y media, el concierto empieza tarde, la boda cae en agosto y se alarga. Ahí es donde entra Moonlight: en ese tramo del día en que uno se cambia de ropa entera y le apetece que también se note en la muñeca, no en la franja de las reuniones y el ordenador.
La colección se recorre entera de una sentada y no hace falta filtrar nada. Si te quedas entre dos y prefieres una opinión antes de decidirte, escríbenos y te contamos lo que vemos desde aquí.