No hace falta esperar a un cumpleaños para regalar un reloj. Bonnie funciona bien en esos regalos que se hacen a mitad de curso, porque sí, porque alguien se acordó de ti un martes cualquiera. Es un regalo que se entiende rápido y que no obliga a nadie a cambiar de estilo.
En Bonnie la elección se resuelve en un rato y sin agobio. A estas alturas sabemos que un regalo acierta cuando quien lo recibe se lo pone al día siguiente, no cuando impresiona al abrir la caja.